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¿Qué es el metatarso y por qué se lesiona?

El metatarso está compuesto por cinco huesos largos (los metatarsianos) que conectan el tobillo con los dedos del pie. Funcionan como una especie de amortiguador natural y son esenciales para propulsarnos al caminar, correr o saltar.

Cuando la distribución del peso en el pie se altera, o cuando sometemos a estos huesos a un esfuerzo repetitivo, los tejidos circundantes se inflaman o el hueso mismo empieza a sufrir microtraumatismos.

Las 3 lesiones más comunes en el consultorio

En la práctica clínica, la gran mayoría de los dolores en esta zona se reducen a tres diagnósticos principales:

1. Metatarsalgia

No es una enfermedad en sí misma, sino un término médico para describir el dolor e inflamación en la zona anterior de la planta del pie (lo que popularmente llamamos “la almohadilla”).

  • Qué se siente: Un dolor sordo, continuo, o una sensación de tener “una piedra en el zapato” que empeora al caminar descalzo sobre superficies duras.

  • Causas comunes: Uso prolongado de tacos altos, calzado con suela muy delgada, sobrepeso o tener un pie cavo (con mucho arco).

2. Fracturas por estrés

A diferencia de una fractura por un golpe directo, la fractura por estrés es una fisura milimétrica en el hueso causada por la fatiga muscular y la repetición crónica de impactos. El segundo y el tercer metatarsiano son los más afectados.

  • Qué se siente: Un dolor que aparece de forma gradual durante la actividad física y que al principio alivia con el reposo, pero que con los días se vuelve constante, incluso impidiendo caminar. Suele haber una leve hinchazón en el empeine.

  • Causas comunes: Aumentar bruscamente la intensidad del entrenamiento, correr en superficies muy duras (como asfalto) o usar zapatillas desgastadas.

3. Neuroma de Morton

Es el engrosamiento del tejido (fibrosis) alrededor de uno de los nervios interdigitales que van hacia los dedos del pie, habitualmente entre el tercer y cuarto metatarsiano.

  • Qué se siente: Un dolor quemante o punzante, calambres y adormecimiento que se irradia hacia los dedos.

  • Causas comunes: El factor principal aquí es la compresión, casi siempre provocada por calzado de punta muy estrecha que junta excesivamente los dedos.

El Enfoque Terapéutico: ¿Cómo lo tratamos?

Afortunadamente, el tratamiento de estas lesiones es conservador en la gran mayoría de los casos. Rara vez iniciamos pensando en el quirófano, a menos que haya una fractura desplazada o una falta de respuesta a los tratamientos iniciales.

El abordaje estándar que indico a mis pacientes se basa en cuatro pilares:

 

1.Reposo relativo y descarga:Fase inicial.

Suspender temporalmente las actividades de alto impacto (correr, saltar) y reemplazarlas por disciplinas de bajo impacto como natación o ciclismo para no perder condición física.

2.Manejo y modificación del calzado:Paso crítico.

Hay que desterrar el calzado estrecho y plano. Se recomiendan zapatos con buena amortiguación, suela rígida o tipo “rocker” (balancín) y una puntera ancha que permita expandir los dedos libremente.

3.Ortesis (Plantillas personalizadas):Redistribución de carga.

Tras realizar un estudio de la pisada (baropodometría), diseñamos plantillas con una barra o descarga metatarsal. Esto redistribuye el peso hacia el arco del pie, quitándole presión a la zona inflamada.

4.Kinesiología y Fisioterapia:Rehabilitación.

Fundamental para desinflamar la zona mediante agentes físicos (ultrasonido, magnetoterapia) y para elongar la cadena muscular posterior (gemelos y fascia plantar), lo que reduce la tensión mecánica sobre el metatarso.

 

El consejo del especialista: El dolor en el pie no es normal y no se cura simplemente “soportándolo”. Si sentís molestias persistentes en la base de los dedos que no mejoran tras tres o cuatro días de descanso, es momento de consultar para realizar una radiografía o ecografía. Detectar una lesión por estrés a tiempo evita que el hueso se fracture por completo y acorta drásticamente los meses de recuperación.