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Dolor de rodilla: causas, diagnóstico y tratamiento

El dolor de rodilla es uno de los motivos de consulta más frecuentes en traumatología. Puede afectar a personas de todas las edades y niveles de actividad, desde deportistas hasta adultos mayores, y su origen puede ser traumático, degenerativo, inflamatorio o mecánico. Comprender sus causas y abordarlo de manera adecuada es clave para evitar la progresión del daño y preservar la funcionalidad de la articulación.


Anatomía básica de la rodilla

La rodilla es una articulación compleja formada por el fémur, la tibia y la rótula. Está estabilizada por ligamentos (cruzados y colaterales), meniscos, cartílago articular, músculos y tendones. Cualquier alteración en estas estructuras puede generar dolor, inestabilidad o limitación funcional.


Causas más frecuentes del dolor de rodilla

  1. Lesiones traumáticas

    • Esguinces o roturas de ligamentos (LCA, LCP, ligamentos colaterales).

    • Lesiones meniscales.

    • Contusiones o fracturas.
      Suelen aparecer tras caídas, golpes o movimientos bruscos, especialmente en el deporte.

  2. Desgaste articular (artrosis)

    • Afecta principalmente a adultos mayores, aunque puede aparecer antes por sobrecarga o lesiones previas.

    • Se caracteriza por dolor progresivo, rigidez matutina y dificultad para caminar o subir escaleras.

  3. Síndrome femoropatelar

    • Dolor en la parte anterior de la rodilla, frecuente en jóvenes y deportistas.

    • Se relaciona con desequilibrios musculares, mala alineación o sobreuso.

  4. Tendinitis y bursitis

    • Inflamación de tendones (rotuliano, cuadricipital) o bursas.

    • Común en actividades repetitivas, saltos o arrodillarse con frecuencia.

  5. Alteraciones de la pisada y la biomecánica

    • Problemas en los pies, caderas o columna pueden repercutir en la rodilla.

    • El uso de plantillas o correcciones posturales suele ser clave en estos casos.


Síntomas de alarma

Se recomienda consultar al traumatólogo cuando el dolor:

  • Es intenso o persistente.

  • Se acompaña de hinchazón, bloqueo o inestabilidad.

  • Aparece tras un traumatismo importante.

  • Limita las actividades cotidianas o el descanso nocturno.


Diagnóstico

El diagnóstico se basa en:

  • Historia clínica detallada.

  • Examen físico específico.

  • Estudios complementarios según el caso: radiografías, resonancia magnética, ecografía o estudios de la marcha.


Tratamiento

El tratamiento dependerá de la causa y la gravedad:

  • Conservador: reposo relativo, fisioterapia, fortalecimiento muscular, antiinflamatorios, cambios en la actividad física y corrección biomecánica.

  • Infiltraciones: en casos seleccionados (ácido hialurónico, corticoides).

  • Quirúrgico: reservado para lesiones estructurales que no responden al tratamiento conservador.


Prevención

  • Mantener un peso adecuado.

  • Fortalecer la musculatura del muslo y la cadera.

  • Realizar una correcta entrada en calor antes del ejercicio.

  • Usar calzado adecuado y tratar a tiempo las alteraciones de la pisada.


Conclusión

El dolor de rodilla no debe normalizarse ni ignorarse. Un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado permiten aliviar el dolor, mejorar la calidad de vida y prevenir lesiones mayores. Ante molestias persistentes, la consulta con un traumatólogo es fundamental para preservar la salud articular a largo plazo.