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La fractura de tibia es una lesión ósea común que afecta la pierna inferior y puede ocurrir debido a diferentes situaciones, como caídas, accidentes automovilísticos, deportes de contacto o traumatismos directos. Esta lesión puede causar dolor intenso y limitar la movilidad, pero con un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado, la mayoría de las personas pueden lograr una recuperación exitosa. En este artículo, exploraremos las causas, los síntomas y las opciones de tratamiento para las fracturas de tibia.

 

Las fracturas de tibia pueden ocurrir por diversos motivos, entre ellos:

 

  1. Traumatismos directos: Un impacto directo en la pierna, como una caída o un golpe fuerte, puede causar una fractura de tibia.
  2. Fuerzas de torsión: Lesiones deportivas, como giros bruscos o movimientos repentinos que aplican fuerzas de torsión excesivas en la pierna, pueden resultar en una fractura de tibia.
  3. Accidentes automovilísticos: Los impactos de alta velocidad y las colisiones pueden generar suficiente fuerza para fracturar la tibia.

 

Síntomas: Los síntomas de una fractura de tibia pueden variar según la gravedad de la lesión, pero generalmente incluyen:

  1. Dolor intenso en la pierna afectada.
  2. Incapacidad para soportar peso sobre la pierna lesionada.
  3. Hinchazón y enrojecimiento alrededor del área fracturada.
  4. Deformidad visible, como una protuberancia o una posición anormal de la pierna.
  5. Limitación en la movilidad y dificultad para realizar movimientos simples.

Diagnóstico y tratamiento: Ante la sospecha de una fractura de tibia, es fundamental buscar atención médica de inmediato. El diagnóstico se realiza a través de una evaluación clínica y pruebas de diagnóstico, como radiografías o tomografías computarizadas, que permiten visualizar la fractura y determinar su gravedad.

El tratamiento de una fractura de tibia dependerá de varios factores, como la ubicación y el tipo de fractura, así como la edad y el estado de salud del paciente. Las opciones de tratamiento pueden incluir:

  1. Inmovilización: En algunos casos, si la fractura no está desplazada o es estable, se puede utilizar una férula o un yeso para mantener la tibia en su lugar mientras se produce la curación.
  2. Reducción cerrada: Si la fractura está desplazada, puede ser necesario realizar una reducción cerrada, donde se manipulan los fragmentos de hueso para alinearlos correctamente. Luego se aplica una férula o un yeso para inmovilizar la pierna.
  3. Cirugía: En fracturas más graves o desplazadas, puede requerirse una intervención quirúrgica. Durante la cirugía, se utilizan placas, clavos o tornillos para fijar los fragmentos de hueso en su lugar y permitir una adecuada curación.
  4. Rehabilitación: Una vez que la fractura comienza a sanar